jueves, 19 de agosto de 2010

Especial Lost (I)

Han pasado ya unos meses desde el polémico final de la serie estrella de los últimos años. Para bien o para mal Lost ha dado su último paso, con un final polémico, como sucede con todas las grandes series de la televisión; acaben como acaben, a unos les gustará y a otros no.


Mi intención con este especial, que pretendo acabar (al igual que el de Shyamalan), es comenzar desde el inicio hasta el final del viaje, al igual que los personajes de la serie. Mi inicio del viaje empieza cuando empece a ver la serie. Contaré mis sensaciones, experiencias y esperanzas a lo largo de sus temporadas y mi impresión sobre el final. De mano ya diré que me ha gustado.


Los inicios de mi enganche:

Nos tenemos que remontar para ello al 2004, año en el que se estreno Lost. Por aquel entonces las únicas series que veía eran las españolas (véase “Los Serrano”) aunque también había visto de pequeño series míticas como “El equipo A”. En fox no dejaban de promocionar la serie, pero por alguna razón yo le daba la espalda. Ese año, por el verano, TVE adquirió los derechos de emisión de la serie. Me rodeaba, pero yo seguía sin prestarle la mas mínima atención. Movido por los comentarios de mi padre y de un amigo cinéfilo y seriéfilo que tengo acabe por lanzarme a las brazos de Lost y tengo que darles las gracias a ambos.


¡Dios mío, que experiencia! Me vi la primera temporada en cosa de una semana. Era adictiva. Ese aura de misterio, esos personajes que ocupaban un capítulo entero y su historia contada a través de flashbacks. El extraño monstruo que no dejaba de despertar incógnitas, la famosa escotilla, las muertes de algunos personajes, los otros. Era algo totalmente diferente para mí, una serie nueva y fresca que había llegado para renovar la televisión. Acababa un capítulo y ya estaba ansioso por ver el siguiente. Nunca me había pasado eso antes con una serie de televisión.


Disfrute la primera temporada como un enano y me quedé con la mandíbula desencajada con el final de la misma. Se iniciaba así la larga espera entre temporada y temporada que sería característica de los años siguientes; y cada año más dura. También aparecía para mi una nueva ventana, las series en versión original del otro lado del charco, algo que solamente le podré agradecer a Lost.


Y comienza así la introducción a un especial que espero que llegue a buen puerto y consiga terminarlo sin demorarme demasiado. ¡Namaste!

martes, 17 de agosto de 2010

Boogie Nights, aquellos maravillosos setenta


Tercera película de Paul Thomas Anderson, un realizador que a día de hoy se ha convertido en una figura clave del gran cine americano, por su inteligentes y atrevidas propuestas cinematográficas. En este caso, nos encontramos ante una auténtica declaración de amor al cine por una persona que ha nacido para ello.


La película surge fruto de un falso documental de 32 minutos realizado por Anderson años antes sobre el ascenso y caída de un actor porno durante la década de los setenta y ochenta. Y la película es exactamente eso, reforzado por una actuación más que digna de un Mark Walhberg realmente inspirado, en el que posiblemente sea el mejor papel de su irregular carrera. Pero lejos de ofrecer el típico producto de ascensión y caída con moralina final, Anderson se introduce en los ambientes sórdidos del porno para mostrar las consecuencias de los excesos y como afectan a los personajes de la historia. Todos y cada uno sufren las consecuencias de una época muy turbia en todos los aspectos, destacando en todos ellos la ambición, la explosión de las drogas y el sexo salvaje y reconocimiento del cine porno como un arte o medio de ganarse la vida.


Violencia, sexo, drogas, amor, traición, redención, búsqueda del destino de cada uno de nosotros, son los temas que maneja Anderson en sus 150 minutos de película que no se hacen largos en ningún momento. Además de que la película no podría empezar mejor, con un plano secuencia de dos minutos y medio que es para quitarse el sombrero por su planificación y cuidado. El resto del film fluye por si solo gracias a una hábil dirección, a un guión muy rico con una gran cantidad de secundarios y a una importante labor actoral; una vez más Julian Moore se zampa la pantalla a bocados.


Anderson compone una gran película que guarda una enorme similitud con esa gran época dorada que vivió Hollywood desde finales de los sesenta hasta finales de los setenta, principios de los ochenta. El llamado nuevo Hollywood, donde los directores americanos eran influenciados por los europeos (Fellinini, Antonioni, Renoir, Godard, Truffaut y muchos otros) cobrando especial importancia el director y teniendo lugar una gran explosión creativa, llena de riesgo y que dio como resultado excelentes películas. Directores como Coppola, Lucas, Spielberg, Scorsese, Friedkin, Altman, Bogdanovich... formaron parte de esta época y Anderson les homenajea a su manera en su film. Guarda pues muchas similitudes, la historia de su protagonista, con las consecuencias que propiciaron el ascenso y caída de estos directores; algunos de los cuales no han levantado cabeza desde entonces. Gran libertad, una ambición desmedida y un gran orgullo, respaldo de la crítica, el auge de la cocaína y demás drogas, las fiestas, propiciaron un camino de autodestrucción que condujo a la ruina una gran época cinematográfica. Hay quiénes dicen que Hollywood no ha sido el mismo desde entonces, pero creo que es excesivo.


En resumidas cuentas, Anderson cuenta una gran historia, muy entretenida y compone una gran película en todos los aspectos, mientras se permite el lujo de hacer un homenaje al medio al que se ha encomendado de por vida.