jueves, 13 de mayo de 2010

Reflexiones

Hoy se estrena en España Robin Hood, la nueva película de Ridle Scott. Ayer fue estrenada en el Festival de Cannes y aunque ha sido acogida fríamente por la prensa, servidor se irá el viernes a verla con una sonrisa de oreja a oreja. ¿Por qué? Pues porque el trailer pinta bien y el reparto ayuda. A esto le sumas que la dirige quién la dirige; que, aunque no es un director de primera, si tiene importantes obras y siempre sabe dotar de ritmo a sus películas. Y otro factor importante, no está en 3-D.


Que sea un estreno importante y no haya sido transformado a tres dimensiones es de agradecer. También hay que tener en cuenta que Scott lleva mucho tiempo en el cine y eso forma a uno en el estilo tradicional, algo que se está perdiendo en la actualidad.


Poco a poco todos están cayendo bajo las redes del 3-D, algo que puede ser bueno o malo, se mire por donde se mire. Bueno para los que productores que se forran con este formato, aún a pesar de que las conversiones a 3-D de Alicia y Furia de Titanes, a tenor de lo que he leído son bastante chapuceras. Malo para los espectadores pues en muchas ocasiones se sienten estafados, véase casos anteriores. E incluso para los directores, que ven así una posibilidad de enmascaras sus carencias gracias a que el público estará embobado. Y es que ahora se aprovecha cualquier excusa para sacar cine en 3-D. A continuación daré una serie de ejemplo: Piraña 3D (si, en serio), Street Dance 3D (también va en serio), Airbender en 3D (a unos meses del estreno les ha dado por ahí), Los tres mosqueteros en 3D (se empezará a rodar en nada). Se trata de una serie de películas que se estrenarán dentro de poco y que todas se han sumado al nuevo formato, algunas de las cuales están hechas para lucir ese formato. ¿El guión, una buena historia, buenos personajes?, ¡pa qué!, si tenemos el 3D, ¡ah vale, cojonudo!


No sé si darle las gracias a Cameron o cagarme en sus muertos. Al menos tengo una cosa clara, el auténtico 3D es el que él ha desarrollado, y por tanto, solo iré al cine (si es que voy) a ver pelis en 3D grabadas con esa técnica; las otras, en glorioso 2D, que además es más económico.


Y mientras siguen engañando al público masivo y embolsándose sus 10,5 € por entrada (yo he llegado a pagar 11,50 o 12 en el estreno de Avatar) yo sigo teniendo fe en el cine convencional, aunque cada vez menos. Al menos, quedan esperanzas, una de ellas llega en julio, Inception (Origen). La nueva película de Nolan servirá para dar una bofetada a todos estos tíos obsesionados con el 3D y demostrar que es posible hacer buen cine comercial, con una buena historia y sí, en el puto 2D, el de toda la vida.

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