viernes, 16 de julio de 2010

El infierno del odio, cine con mayúsculas

Hace unas semanas tuve el placer de ver “El infierno del odio”, película que Akira Kurosawa dirigió en 1963. Se trata de un soberbio policíaco, una mezcla de cine negro y drama excelente. Rodada en blanco y negro salvo una escena en la que aparece el color, con un significado muy importante dentro del film. Algo que haría después Spielberg con su gran película “La lista de Schindler”.


Resumiendo el argumento; Gondo, un hombre de negocios, lleva mucho tiempo preparando una jugada maestra para prosperar en su empresa. Un día cualquiera, recibe una llamada en la que un tipo le dice que ha secuestrado a su hijo y le pide 30 millones por su rescate. En realidad, el secuestrador se ha equivocado y ha secuestrado al hijo de su chófer. Gondo duda si la vida del hijo de su chófer realmente vale 30 millones y echar por tierra todo su futuro...


Con este planteamiento Kurosawa construye una película de 140 minutos excelente, que no se hace larga en ningún momento y que es un verdadero gozo. La primera parte de la película, hasta el intercambio, transcurre en su totalidad en el piso de Gondo. Es para quitarse el sombrero la forma en la que esta rodada toda esta parte. Transcurre casi una hora en un enorme salón, pues poco más se ve de la casa. En manos de otro director se caería en el tedio. Pero Kurosawa domina el tempo y el espacio como un artesano. Además, es ayudado por la labor de los actores, un gran Toshio Mifune como Gondo, entre otros. Para apreciar su interpretación debe de verse en versión original.


Es en esta primera parte donde se plantea el gran dilema de la película, ¿pagarías 30 millones por el hijo de tu chófer después de haber estado gran parte de tu vida ahorrando para comprar la empresa en la que tanto te ha costado prosperar? Todo el mundo diría si, sin duda los pagaría. Pero realmente uno llega a dudar, y en la película sucede y resulta totalmente creíble, pues si Gondo paga, quedaría casi en la ruina.


La segunda parte de la película se centra en la investigación y en la entrega del dinero. La secuencia del tren es increíble, con un manejo de la tensión excelente. A partir de ahí comienza la labor policial, la cual es expuesta con todo lujos de detalles. De este modo, el espectador es un detective más que nunca va por delante de los policías. En esta parte Kurosawa se introduce en los bajos fondos de la ciudad, con unos últimos minutos formidables. Toda la parte en la que siguen al secuestrador para recrear el crimen, la escena de la discoteca, la muerte de la prostituta por sobredosis... Una sucesión de escenas sobresalientes.


En cuanto al final, acorde con todo lo contado a lo largo del film. Un Gondo que ha recuperado su humanidad, perdida al principio por su ambición de conquista y dominio de la empresa y un secuestrador totalmente irracional, que ha perdido el rumbo y su batalla.


Referente al apartado técnico no hace falta hacer mención alguna pues apenas se le pueden achacar defectos, habría que ser muy puntilloso, por eso Kurosawa fue quién fue. El guión es otra pieza clave en esta enorme película, escrito por Kurosawa junto con otros tres colaboradores, una joya. Yo mataría por haber podido filmar esa historia.


En conclusión diré que se trata de una obra maestra con mayúsculas, un apelativo que se usa mucho a la ligera en estos días pero, en el caso que me ocupa no tengo más remedio. Recomendable cien por cien para todo cinéfilo amante del buen cine.


P.D. He leído que se prepara un remake dirigido por Mike Nichols y con guión de Chris Rock (por lo que he leído el tipo sabe lo que hace). De sobra se sabe o debería saberse que es imposible que este a la altura de la original, pero si puede ser un interesante remake y aportar algo nuevo. El tiempo lo dirá, yo de todos modos, me quedo con la original.

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